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José Carlos Mariátegui Ilustre
amauta de América, nació el
14 de junio de 1894, en el jirón Junín No. 4, una de las primeras casas
de dicho jirón frente al Parque de los Héroes. Mariátegui
comenzó a escribir artículos alternando en La Prensa con Abraham Valdelomar y César Falcón quienes
con Manuel González Prada ejercieron gran influencia en su formación. De
1 915 a 1 918, pasó a la redacción de «El Tiempo». Cuando
tenía 22 años, en 1916, formó parte del «Grupo Colónida» que Abraham
Valdelomar con More, Gibson y algunos principiantes y escritores
adolescentes había reunido. Y como el mismo Mariátegui dice: «No fue un
grupo, una escuela, sino un «movimiento, una actitud, un estado de ánimo». En teatro estrenó «Las Tapadas» en tres cuadros, escrito en colaboración de Julio Baudín de La Paz; «La Mariscala» en un prólogo y seis jornadas, escrito en colaboración con Abraham Valdelomar. Asimismo fue autor de Alma matinal, La novela y la vida, Defensa del marxismo, Historia de la crisis mundial, Temas de nuestra América, Peruanicemos el Perú, entre otras de sus muchas y dispersas publicaciones. En
1 927 a los 33 años, escribió Mariátegui «7 Ensayos de Interpretación
de la Realidad Peruana», en donde enjuicia diversos aspectos del
acontecer nacional: El Esquema de la evolución económica; el problema
del indio; el problema de la tierra; el proceso de la instrucción pública;
el factor religioso; el regionalismo y centralismo y el proceso de la
literatura peruana. También publicó «La escena contemporánea» y en su
quehacer periodístico fundó la publicación «Labor». Sus frecuentes
artículos en los diarios y revistas del Perú y del extranjero llegaron a
ser familiares en los seudónimos de «Juan Croniqueur» el primero que
empleó; «Jack», «JMC», «Kendall», «Monsieur de Camomille», «Kendalif»,
«El de Siempre», «X y Z», «J.C.»,” Sigfrido» y algunos otros. En
1928 fundó el «Partido Socialista Peruano» pese a las presiones de la
Internacional Comunista para que fundara el Partido Comunista. Ciudadano de América, era la lámpara luminosa gracias a su pensamiento, las últimas generaciones juveniles de todos los países tomaban sus miradas hacia esta tierra peruana tan huérfana de grandes alumbramientos espirituales; para muchos, la inapagable luminosidad de su credo y de sus ideas, y para todos, ese ejemplo enhiesto como herencia espiritual de su inquieta, tenaz, fogosa e indoblegable actitud ante la adversidad. |
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